Llevo unos días dándole vueltas al concepto de “soledad”. Una palabra de la que me es muy difícil hablar. Es por ello, que me ronronea desde hace un tiempo. La soledad, se puede entender como algo opuesto a las expresiones urbanas. La expresión es la forma en que nos entendemos con el otro, y la manera en que conocemos otros pueblos. Así lo pensé en un principio. Sin embargo, la reflexión me ha llevado a darme cuenta de que en realidad, la soledad no es lo contrario a la expresión, no. Ella sola no tiene un carácter propio. Es el miedo a ésta la que le dota de un halo nocivo.

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Me vais a permitir que hable sobre conceptos tan complejos como la soledad o el miedo. Intento acercarme a su significado y que me ayudéis a entender ciertas cosas. Se han escrito muchas páginas hablando de estos enigmas de la sociedad. Y es que el ser humano es un ser social que necesita estar en contacto con los demás para autoafirmarse y conocerse a sí mismo. Sin embargo, la soledad es también necesaria para que lo anterior tenga sentido. Nunca valoraríamos a la familia, el afecto, la amistad, si no existiera la soledad. Es en ésta, en la que podemos reflexionar y encontrarnos con nuestras fobias y nuestros miedos. Quizá ahí radique el miedo a la soledad. No queremos quedarnos solos para no acercarnos a nuestras miserias, para eludirlas y taparlas, aun sabiendo que no lograremos que desaparezcan. Así que nos rodeamos de quehaceres y de citas.
Sin embargo, lo cierto es que nacemos y morimos solos. Nadie lo hace con nosotros. Llevemos la vida que llevemos, nadie puede vivir nuestra vida. El miedo a la soledad, suele acompañarse del miedo al silencio. Qué nos ha hecho el silencio. Es más, creo actualmente debería ser un valor añadido en un momento en que la charlatanería se ha tomado como bandera. El silencio tiene significado por sí mismo y un poder muchas veces superior a las palabras. Un silencio completo, mudo, prácticamente imposible de encontrar en la sociedad actual, puede hacer caer bajo nuestras cabezas la sensación de una soledad aplastante, asfixiante. En una pareja sentimental puede significar el clímax de la relación o el completo declive. Una doble cara tan extrema, que los individuos no quieren ponerla a prueba. De ahí nacen las conversaciones de ascensor, por ejemplo. ¿Por qué tenemos que hablar con alguien a quien, en realidad, no tenemos nada que decir?
Por otro lado, y volviendo al tema que nos ocupa, no es lo mismo estar solo que sentirse solo. La psicología dice que alguien está solo cuando no se comunica con otros o cuando dicha comunicación no es satisfactoria. Por eso, alguien puede estar rodeado de gente y sentirse muy solo. Hace ahora medio siglo, era difícil encontrar un instante de soledad. Vivíamos en zonas rurales, en las que todos nos conocíamos y del nido materno nos mudábamos al nido matrimonial. Supongo que entonces, a algunas personas les subyugaba la falta de intimidad, de soledad. Hoy, la tortilla ha dado la vuelta y hay que buscar momentos en los que ver a la familia y amigos, para los que encontrar un hueco en la agenda se nos hace una ardua tarea. Los medios de comunicación intentan maquillar esa sensación de soledad que ahoga a miles de personas en este preciso instante.
El mensaje que intento hacer llegar con estas palabras es que la soledad puede ser algo maravilloso. Si estás solo, emocionalmente o socialmente, hazte el mejor desayuno para ti, ponte guapo para verte a ti mismo, cómprate unas flores y regálate tiempo. Porque el tiempo, creo yo, para uno mismo y para todo lo demás, cotiza al alza.
Al hilo de todo esto, hace una par de semanas, en el suplemento dominical, leí un reportaje acerca del tiempo. En él, Xavier Guix reflexionaba sobre nuestra manera de hacer uso de éste y se preguntaba qué es lo que pasaría si simplemente dejásemos que las cosas ocurriesen sin planificarlas, sin intervenir en el acontecer, sin obligarse a nada. “Si aprovechásemos el tiempo para vaciar en lugar de seguir llenando”. Ésta es la meta a la que quiero llegar con la soledad. Puede servirnos para vaciar. Podemos hacer que ésta viaje con nosotros sin esperar encontrarnos con nadie. Así, toda compañía será grata, sin poner grandes expectativas en los demás. Porque a ellos también les acechan sus miedos.



Me ha gustado mucho esa idea de usar el tiempo (y especialmente el que pasamos en soledad) para vaciarnos. Muy necesario: nos pasamos la vida cargándonos las espaldas de todo (responsabilidades, frustraciones, deseos…) y tiene que ser de lo más terapéutico tratar de vaciarnos un poco.
Da gusto poder disfrutar de la serenidad de la ciudad casi vacía la primera semana de agosto. Justo antes de la gran explosion de la semana grande.
Todo el año esperando a poder pasear por las calles vacías, sin tener que esperar a las 3 a.m. de un martes, por ejemplo.
Que no haya cola en el banco, ni en el supermercado. Y que incluso el cajero sonría.
Porque la Villa tambien necesita tomarse un respiro, sacarse un poco de polución de encima y dar paso al silencio y a la soledad de sus habitantes, llenos de miedos.
[...] que Inma habla sobre la soledad, si en aquella época de timbres y olores no habías tenido suerte en el colegio y habías quedado [...]
[...] Las nuevas tecnologías, las nuevas relaciones, etc. Estamos sobradamente preparados y sobradamente solos. ¿Quizá tenemos tantas herramientas en nuestra mano que no sabemos cual queremos [...]