Se acerca el fin del viaje por esta ciudad virtual mágica que ha sido el blog Hiriak y, de entrada, lo que me sale decir es que estoy contenta. Para mí, que el verbo “comunicar” es probablemente el que mejor me define, ha sido una oportunidad maravillosa tener una plataforma más desde donde expresarme. Creo que el viaje empezó a ir bien cuando, en vez de intentar cumplir con un cometido preestablecido, me reafirmé sentenciando que si yo soy joven, urbana y expresiva bastaba con mostrar lo que me inquietaba, y eso me llevó a dejarme llevar, callejear libremente y dejarme sorprender por el camino.
Es desde esa actitud cuando se te aparecen expresiones que no buscabas, como los alucinantes murales de Philadelphia. He disfrutado a ritmo del bodypercussion, funky, milky way, trance africano, las batallas de las b-girls y The Rocky Horror Picture Show. He visibilizado iniciativas que me motivan, como las organizaciones de viejas o los movimientos queer. He conocido algunas de las miles de caras de Medellín: manifestaciones de jóvenes, festivales no muy diferentes a Jet Lag Bio, intervenciones urbanas… Me he reido con el reggaeton cristiano y me he indignado con el asesinato de un joven de Comuna 13. También he hecho alguna escapada al África negra.
Además de esa oportunidad de expresar aquello en lo que ya creía o con lo que ya disfrutaba y descubir nuevos estímulos, me ha gustado los puntos de encuentro constantes que hemos tenido bloggers en principio muy dispares. Hemos cuestionado todo: qué es ser joven, qué es lo urbano, los estereotipos sobre la juventud, las nuevas y viejas formas de comunicarnos, la violencia… Como dice Aimar, el festival ha servido para consolidar algunas de esas reflexiones previas.
Lo dicho: muy contenta.


