Hace ya unos años que avanzamos hacia la cultura subvencionada. Un camino que se acota en los parámetros de la clase dirigente. El dinero es la seña de identidad de la cultura de hoy. Si bien, la que no cuenta con el colchón de las instituciones públicas, debe contar con el colchón de un particular o empresa. Fuera de ambos parámetros que la dotan de cierta difusión al exterior, la cultura no existe.
Al menos, esta es la reflexión que en diversas ocasiones he podido escuchar de boca de periodistas culturales, programadores y artistas. Por poner un ejemplo que podamos conocer todos y todas, la música comercial funciona bajo la dictadura de este sistema. Quien suena hasta la saciedad en los 40 Principales, es quien más dinero ha pagado para ello. Una vía directa hacia el “éxito” sin lugar a dudas. O, por lo menos, a un cierto tipo de éxito. La palabra “Talento” tiende a desaparecer. En los márgenes quedan otro tipo de músicas y otras disciplinas, desde el parkour hasta el mimo callejero. Pero no nos confundamos. Aplaudo que las institituciones públicas organicen y apoyen propuestas. Es más, creo que es algo que deben a la ciudadanía. No estoy intentando criticar ni una opción ni la otra. Ambas son válidas y respetables si hay una coherencia detrás. Si uno no se niega a sí mismo.
Dentro de este contexto, últimamente me he sentido molesta con la actividad festivalera. Los festivales han pasado de ser un espacio lúdico, accesible al público y con un compromiso por difundir otra manera de acercarse a la cultura, a ser un negocio como el de la frutera de la esquina.
El Bilbao BBK Live (anteriormente conocido como Bilbao Live) este año ha sido un ejemplo de la cultura en detrimento de los ciudadanos. Un evento que cuenta con el respaldo institucional, que como digo me parece fenomenal que apoye este tipo de iniciativas, y con el apoyo de, al menos 8 sponsors. El más importante, claro está, el que le da nombre. Y un cartel variado entre nuevas propuestas y clásicos de innegable calidad. Un evento de tales dimensiones tiene un precio. Hasta aquí todo bien. Si no fuera porque las entradas son más baratas si las compras en Inglaterra. Y yo aquí me pierdo. Contiene la palabra Bilbao en su nombre y cuenta con el apoyo de las instituciones que todas y todos los vascos y vascas (como decía Ibarretxe) pagamos con nuestros impuestos. Y además de apoyarles en todo eso, tenemos que pagar más dinero que los foráneos.
Yo supuse que un festival, a pesar intentar llegar al mayor número de público posible, se debe al territorio en el que se celebra, en un intercambio cercano de lenguajes artísticos.
Algo así ha pasado estos días en Castellón. El FIB Heineken (anteriormente conocido como Festival Internacional de Benicássim) promueve esta misma filosofía. El 60 % de los asistentes de esta edición eran británicos. 170 euros de abono, que ni siquiera han servido a los asistentes para obtener un panfleto con la programación. Y es que según la organización, ha habido que reducir gastos. Sin embargo, el periódico económico Cinco Días, recoge un artículo en el que habla de la rentabilidad del evento. Este año, han acudido 12.000 personas más que el anterior, el cartel lo componían una mayoría de grupos nacionales (que cuentan con un caché más bajo) y a pesar de todo, la organización no tenía dinero para repartir programaciones. Una pena.
Pues daremos la bienvenida a los festivales con nombre de cerveza o de caja de ahorros. A los teatros con nombre de helado y a una cultura dominada por la grandes marcas. O bien, podemos no acudir a este tipo de eventos, que tras un disfraz de originalidad y alternativismo, está sujetos a los principios capitalistas. Si no, corremos el riesgo de que el Planeta Tierra se acabe llamando Microsoft.



Totalmente de acuerdo.
Además del bajo impacto que tiene para Bilbao la celebración de estos festivales,
circunscritos en Kobetas: El ambiente festivalero ni lo olemos, no creo que genere muchos beneficios para la hostelería y comercio bilbainos.
No hay actividades paralelas en Bilbao, quedando todo centralizado en un espacio superacotado, de difícil acceso, y con una vigilancia excesiva.
nx
[...] de la catarsis de mi anterior post, hoy quiero abrir una ventana al constructivismo. Cierto es que avanzamos hacia la capitalización [...]
Me sumo a sus palabras señorita y demás comentaristas. Como trabajadora del mundo del espectáculo desde el otro lado de la barrera, sólo quisiera añadir algo:
Por desgracia la cultura, desde que lleva el apelativo de masas, siempre ha llevado un deterioro tanto para la propia cultura como para las masas. Hay que tener el cuenta que la “alta cultura” sigue en bocas, manos, oídos, ojos y lenguas de las más altas cotas bursátiles. Y que con la creación de la cultura de masas en ningún momento se pretendía que llegaran más y mejores expresiones humanas a una mayor cantidad de seres pensantes. POr favor, pensar y sentir…. eso duele mucho cuando no te llega para fin de mes y tienes que ir de vacaciones, pagar el coche, comprar los pañales de seda o la cremita quita ojeras de tristeza y estrés.
Llevo demasiados siglos acudiendo a eventos y espectáculos para saber que los más íntimos dejan más huella. Libro, conversación, cuentos a la luz de las velas, teatro de calle o no, escucha radiofónica, exposición pictórica-fotográfica-escultórica-instalaciones…., cine de verano, graffitis, conciertos en plazas públicas o en espacios naturales….. me dejo muchos, pero ya empiezan a olvidarseme. Y a vosotr#s????
Qué pase la siguiente…..
Una opinión Pública
[...] tiempo habamos en este blog de la cultura subvencionada. Actualmente, es muy difícil llevar a cabo un proyecto sin este tipo de apoyos. El teatro es una [...]