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Eta atsoak zer?// Las viejas son el futuro

Rose. 87 años

Rose. 87 años

Este blog trata de la juventud y sus expresiones. Se ha tratado de definir qué es la juventud, cómo delimitar cuánto dura y Aimar se ha animado a reflexionar también sobre la dictadura de la juventud. Alguien me dijo hace un tiempo, cuando le hice una broma sobre su edad (superior a la mía) que considerar la juventud un valor, un motivo de orgullo, va siempre en contra de una. Es evidente: si hoy presumo de ser joven, es inevitable que mañana me angustie por dejar de serlo. Así pues, aunque ahora no lo entendamos, incluso la gente joven somos víctima de esa dictadura. Es uno de los mensajes que lanza Old Women Movement, cuyas integrantes gritan al mundo su orgullo de ser viejas y desgranan las consecuencias del llamado edadismo.

También nos dice que la dictadura de la juventud, como todo fundamentalismo, se ceba más con las mujeres. Bueno, habrá quien me diga que los chicos de mi edad ya se angustian por la pérdida de pelo o la emergencia del michelín. Pero, en general, es el cuerpo de la mujer joven el gran icono del éxito y del deseo: basta con ver que sigue siendo uno de los mayores reclamos utilizados por la publicidad comercial. Los hombres compensan ante la mirada ajena su calvicie con ese halo de madurez y experiencia. Una mujer, por muy sabia que sea, difícilmente resultará atractiva si no sigue luchando por encajar en los cánones de belleza. Y no se trata de tener un cuerpo bonito, sino de tener un cuerpo bonito y propio de una adolescente. Fatema Mernissi dice en El Harén de Occidente (libro imprescindible) que el harén de las mujeres occidentales es la talla 38. La dictadura de la juventud empieza a perseguirte ya a los 20, al menor signo de celulitis y ante el temido paso a la talla 40.

En un curso sobre mutilación genital, la formadora nos explicó que en la cultura de Gambia las mujeres pasan a ser consideradas viejas cuando llega la menstruación. Los hombres, en cambio, cuando no tienen un proceso tan explícito y, por tanto, se cree que no pierden la capacidad de fertilizar, nunca pasan a ser viejos: simplemente, se hacen más sabios. Nos puede escandalizar ese punto de vista, pero no creo que sea diferente de lo que inconscientemente ocurre en Occidente.

Así pues, abandonar el actual desprecio o condescendencia hacia la vejez (los dos grandes sentimientos que nos despierta) es una inversión de futuro, una apuesta segura para seguir queriéndonos y no ir perdiendo un poquito de autoestima en cada cumpleaños. Nosotras, las chicas jóvenes de hoy, pensamos que nunca seremos la clásica abuela: seguiremos siendo modernas, trabajadoras, intelectuales, en forma gracias al pilates e incluso seguiremos manteniendo un cuerpo tatuado y agujereado. Nos equivocamos. Hasta las feministas de Mayo del 68 y la revolución sexual han sido relegadas a la imagen de abuelitas (aunque muchas no lo sean); una forma de hacerlas pasivas e invisibles. Una consecuencia trágica de esa invisibilidad es el gran porcentaje de mujeres mayores (viudas o solteras) que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Contra todo ello se alza Old Women Movement, un movimiento nacido en Estados Unidos que descubrí recientemente a través de un reportaje publicado en Diagonal. Proponen resignificar el epiteto de vieja para dignificarlo y dotarle de contenido político, como los gays y las lesbianas han hecho con los términos marica, queer y bollera. Encuentro en su web testimonios sobre las satisfacciones que sólo llegan con la madurez, artículos sobre los efectos perniciosos del edadismo e incluso cuadros retrato de mujeres viejas desnudas, realizados por Alice Matzkin, como el que encabeza este post .

Me interesa especialmente el tema del cuerpo, porque las mujeres vamos conquistando con fuerza los espacios públicos (incluso las mayores; pensemos en María Teresa Fernández de la Vega, quien acaba de cumplir 60 años) pero el gran campo de batalla, que decían en el 68, es nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Las viejas dicen al mundo que sus cuerpos también pueden ser bellos y llenos de deseo y erotismo, si el ojo ajeno está dispuesto a apreciarlo.

Por tanto, estamos en este blog para celebrar la juventud y sus expresiones, pero no caigamos en la dictadura, no nos creamos especiales por tener menos años. De lo contrario, antes de darnos cuenta, habremos pasado de verdugos a víctimas.

Os dejo con los fragmentos que más me gustaron del reportaje:

El mundo está gobernado por hombres viejos pero las mujeres de la misma edad se ven completamente excluidas de la esfera pública, encerradas en un estereotipo que las reduce a sus roles en la familia. Del mismo modo que en los ‘60 y los ‘70 se deconstruyó la idea social de la mujer, hoy es necesario deconstruir los estereotipos que pesan sobre las viejas. “Hasta hace poco las mujeres sólo existíamos dentro de la familia, como madres o esposas. La esposa modélica de los años ‘50 era sumisa, dependiente e inofensiva. Con nosotras pasa lo mismo. Estamos reducidas a la figura de la abuela, aunque ni siquiera tengamos nietos”.

(…)

Aunque las protagonistas de las revoluciones feministas en los ‘60 y los ‘70 hoy están llegando a viejas, el edadismo nunca ha formado parte de las agendas feministas. Faltan modelos de referencia, espacios en los que compartir experiencias y diálogo intergeneracional. “Las mujeres llegamos a viejas sin saber nada sobre la invisibilidad y la exclusión con las que vamos a encontrarnos. Y lo peor: habiendo interiorizado todos los estereotipos sociales edadistas”. En opinión de Rich es crucial que las mujeres entiendan que, al aceptar los estereotipos sociales sobre las viejas, se tienden una trampa futura a sí mismas. “El poco poder que pueda obtener una mujer por ser joven lo pierde por cada año que envejece. La de 30 pierde poder por no tener 20, la de 40 por no tener 30, etc. El edadismo desempodera a todas las mujeres, cualquiera que sea su edad”.

En sus acciones, las Old Women Movement siempre acuden acompañadas de una gran muñeca con el rostro de la artista alemana Kathe Kollwitz y ataviadas con camisetas diseñadas por ellas mismas en las que se puede leer: “Las viejas somos vuestro futuro”. Un buen lema para empezar a mirarlas con ojos distintos.

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