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INTIMIDAD /// BILUZTASUNA ON-LINE

Me considero bastante progresista cuando se trata de hablar de cómo condiciona Internet las relaciones interpersonales. Frente a los discursos de que cada vez establecemos relaciones más superficiales, que cada vez somos más individualistas y vivimos más aisladas, yo no me atrevo a sentar cátedra. En mi opinión, en general, Internet no es más que una ventana más al mundo por la que algunas decidimos mirar. Amplia las posibilidades de comunicación, sin convertirlas en buenas o malas.

Quien acostumbra a tener amistades superficiales, a quien le mueve el afán de ser “popular” y es incapaz de intimar, sólo se preocupará por tener centenares de “amistades” en Facebook. De haber nacido unas décadas antes, hubiera funcionado de la misma manera, en clase, en los bares o donde sea. De la misma manera, quien apuesta por relaciones profundas y auténticas no buscará alcanzar el record de máximo de amistades agregadas en Facebook, sino que utilizará las redes sociales para conocer nuevas caras de sus amistades, tener una forma más con la que comunicarse con ellas, compartir un espacio más, etc.

Tampoco comparto el miedo a perder intimidad. Al menos hasta que la semana pasada se sucedieron dos acontecimientos. Primero, me enteré que la historia sobre mi tapiz mágico se puede leer en todos los hogares de Bilbao en los que viven jóvenes, vía periódico JET LAG BIO. Después, me hablaron de una web inquietante: 123people.

Conté algo personal en mi primer post en este blog porque me parecía una historia bonita y un pretexto para ligar la foto que había elegido con la esencia de Jet Lag y lo que yo pretendía aportar. Pensé que, al ser el primero, no lo leería demasiada gente y que quedaría sepultado bajo los centenares de post que le seguirían. Sin embargo, el colectivo organizador del festival decidió sabiamente publicar en el periódico nuestros primeros post, puesto que son los que más dicen de nosotras y nosotros. Vaya, que ningún reproche y asumo mi responsabilidad, pero me sentí desnuda. Muy expuesta.

Entre bloggers, el de la intimidad es un debate recurrente, así como preguntarnos si somos exhibicionistas y voyeurs en potencia. Os invito a leer el post que escribí sobre el tema. En principio, hemos decidido compartir nuestras reflexiones con quien quiera leerlas. Te marcas unas pautas pero es fácil que se te vaya la olla. Piensas que estás hablando para tus amistades blogueras, la docena que te deja comentarios, hasta que te enteras que tu jefe, tu vecina, esa amiga de la uni que hace siglos que no ves o incluso una persona que ni sabías que existía te visitan e incluso te siguen fielmente. Entonces entra el pánico, pero en seguida se pasa y al de dos semanas ya estás otra vez opinando sobre el conflicto vasco, recomendando porno feminista, contando la velada romántica que tuviste o poniendo a parir a la empresa que te da de comer.

Con Facebook lo mismo. Me propuse agregar sólo a amistades reales pero he terminado por aceptar a bares que frecuento, organizaciones con las que simpatizo… Así que ahora, las personas perfectamente desconocidas que gestionan esos Facebook leen cada parida que pongo, cada canción que me emociona, cada postura del kamasutra que me recomienda el test de turno.

Una vez más, creo que Internet lo único que hace es amplificar actitudes que siempre han existido. Es decir, dicen que yo, en mi vida “terrenal” soy transparente. Así que me cuesta no serlo en Internet. Con la diferencia de que en Internet mis streaptease emocionales pueden ser seguidos por miles de personas. Quien sea opaco u opaca, usará las redes sociales con cabeza, controlando muy mucho lo que deja entrever. Quiero verlo así. En todo caso, para quienes dedicamos la vida a comunicarnos, el altavoz que ofrecen las redes sociales es una pasada. El truco está en ir aprendiendo a dominar el juego de equilibrios entre conservar cierta intimidad sin frenar demasiado el impulso de expresarnos.

Claro que el problema aparece cuando alguien recopila todos tus striptease. Es decir, no es lo mismo enseñar una teta un día aislado a que alguien monte un vídeo con todos los momentos en los que has enseñado más de lo habitual y lo ofrezca al mundo entero. Es lo que creo que pasa con 123people, un buscador en el que introduces el nombre de una persona y te ofrece de golpe todo lo que ha encontrado de ella en la red: fotos, e-mails, blogs, noticias que ha protagonizado o firmado… Vale, yo sé que todos esos datos son públicos con mi consentimiento, pero verlos condensados en una sola página me resulta francamente inquietante. El sueño de las y los seleccionadores de personal,  caseras y caseros paranoicos, acosadoras y acosadores sexuales…

¿Qué podemos hacer? Habrá quien encuentre el argumento definitivo para renunciar definitivamente a su vida on-line. Yo, pese a todo, creo que seguiré jugando.

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