
Me llamo June y soy adicta a las redes sociales. Lo reconozco. Escribo en cuatro blogs, estoy suscrita a dos grupos Google, vivo enganchada a Facebook, tengo perfil en 11870.com (una red de lo más útil para intercambiar referencias sobre restaurantes, tiendas, hoteles y demás negocios), me he apuntado a esta red profesional cuyo nombre no recuerdo… El último post de Aimar me ha tentado a escribir yo también sobre cómo están cambiando las relaciones humanas con las redes sociales. Aunque también creo que son las carencias y limitaciones más que presentes en las relaciones humanas las que han obligado a crear instrumentos cada vez más sofisticados para llenar vacíos. Lo dejo para otro día, porque prefiero darle unas cuantas vueltas antes de opinar. Hoy os hablaré a cambio de mi última adicción: CouchSurfing, una red social en la que personas de todo el mundo se ofrecen a alojar gratis en su casa a otras.
Claro que no se trata de echarle morro y de sustituir el hotel por la casa de un pringado o pringada que se presta por amor al arte a meter a desconocidos en ella. Se trata de un proyecto que pretende promover el intercambio cultural y la hospitalidad. Quien “surfea” encuentra no sólo un techo, sino a una persona que le podrá servir de puente para conocer la cultura del destino desde una perspectiva diferente a la de la mera turista. Es probable que su “hoster” (anfitrión-a) le enseñe la ciudad o al menos le recomiende lugares y actividades, que le presente a sus amistades, se la lleve de fiesta… El o la hoster, a su vez, recibe en casa a personas de diferentes culturas, con las que aprender otros puntos de vista, intercambiar conocimientos o practicar idiomas.
Practicar inglés ha sido una de mis principales motivaciones para apuntarme. La semana pasada recibí a mis primeras surfers, dos jóvenes polacas que están recorriendo España a dedo. Cumplí de sobra mi objetivo de practicar inglés, pero además me sentí muy a gusto con el simple hecho de hacer el viaje más amable y enriquecedor a dos personas. Les hice de cicerone en plena Aste Nagusia, les conté alguna curiosidad sobre la sociedad vasca, les facilité poder dormir una noche a pierna suelta… A mí también me estimuló su experiencia, su vitalidad; espero que me hayan contagido un poco del arranque necesario para hacer un viaje en esas condiciones.
Una vez más, esto no es algo que haya inventado Internet. Siempre ha habido viajeros y viajeras en busca de un techo, y autóctonas generosas que les han ofrecido sofá y compañía. Pero las redes sociales permiten que esos lazos se establezcan de una manera más organizada, selectiva y segura. Cada usuaria explica en su perfil qué busca, qué condiciones exige, cuál es su filosofía de vida… Así se reducen en gran medida las sorpresas desagradables. Cuando dos personas se conocen, luego se dejan comentarios en sus perfiles evaluando su experiencia, lo cuál sirve de referencia para el resto. Hay dos mecanismos de seguridad pero no me quiero extender: podéis encontrar toda la información en la web.
Lo dicho, yo por ahora estoy ilusionada con ello y os animo mucho a participar. Me he apuntado también por otro motivo, porque pretendo surfear el sofá de algún habitante de cierta ciudad ligada a Jet Lag… Pero eso ya os lo contaré más adelante.


