No, no se trata del último éxito del cine de terror adolescente…
El caso es que he estado dándole más vueltas a lo que hablábamos el otro día sobre cómo han evolucionado las formas de relacionarnos y veo que la sombra de lo virtual es más alargada de lo que pensaba.
Quizás uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es el de la metamorfosis del materialismo-capitalismo en el que, queramos o no, estamos inmersos.
En la época de tócameltimbre-pistoladepistones lo que marcaba diferencia es si tenías o no cierto objeto, ya fuese un balón reglamentario de cuero, los cromos más buscados o las zapatillas con cámara de aire.
Antes de seguir, un inciso… evidentemente no todo se reduce a si alguien tiene algo o no, existen millones de factores que forman la albóndiga personal que cada uno es, incluyendo la inteligencia, simpatía, atractivo físico, experiencias, abducciones extraterrestres… Pero en este caso sólo voy a hablar de ese aspecto de posesión-materialismo que, insisto, queramos o no, afecta a nuestras vidas (la maquinaria e intereses que hay destrás de todo este asunto es demasiado poderosa como para no ser influenciado por ella, incluyendo la acción de ir en su contra, que es una influencia más).
Bueno, sigamos… y por resumir… hemos pasado de unas épocas en las que ese materialismo salvaje, que todo lo puede, dictaba las posesiones que debíamos desear. Tú tienes, tú ganas.
Qué ocurre ahora? evidentemente la maquinaria infernal no deja de funcionar ni sus engranajes parecen desgastarse, más bien al contrario… entonces? La trilogía coche-casa-ropa sigue tan vigente como siempre, es algo inevitable. Pero… y las nuevas tecnologías? cómo encajan? el cambio va mucho más allá de que ahora NECESITES tener la pantalla plana de 2012021 pulgadas con stereosurroundemotionallyinducedsystemetagero, el móvil tócamelapantallaquemiraloquehagoV2.1, el microportátil sub 800gr o la madre del cordero de juegos en red con WiFi. En cierto modo, eso no supone un gran cambio, sigue tratándose de objetos físicos que se pueden tocar, se pueden oler.
Podemos ir a tocarles el timbre y decirles que nos gusta su amiga.

Capitalism (Kopyleft Aimar)
Pero… donde veo la gran “revolución” es en la posesión inexistente, en el capitalismo de la información, el materialismo virtual.
Además, este tipo de posesividad creo que se nota especialmente en las generaciones más jóvenes, las que ya han nacido y se han criado con todos estos avances presentes en todas las facetas. Se han criado con ellas, no es algo que han visto llegar poco a poco, por lo que la naturalidad a la hora de moverse por los hilos de su red es innata.
Neuromancers
Qué rollo nos está soltando éste tío? eso digo yo…
Al tema! Resulta que el ansia impuesta de consumo, de posesión, de colección y recolección, puede incluso plasmarse en algo completamente inexistente. Del mismo modo que el otro día hablábamos de tener 15343244438299 amigos y ni siquiera conocer a ninguno, amigos virtuales, supuestamente reales, pero quizás inexistentes (excepto en nuestra mente, que es donde al fin y al cabo algo es real o no), así mismo estas nuevas posesiones permiten aumentar aún más la maquinaria de posesión sin problemas de espacio en el apartamento modelo “burbuja unipersonal”.
Politonos, fondos de pantalla, juegos, mp3, vídeos, fotos, ebooks, avatares… Poseyendo la herramienta adecuada (terminal de móvil, pc, etc) podemos tener acceso a millones de posesiones, sólo nuestras, para nuestro disfrute, que sólo existen en el mundo en el que nuestros 15343244438299 amigos intercambian sus e-cromos.
Quizás en ese futuro hermético en el que se viva en las burbujas unipersonales aislados del mundo y únicamente conectados el “mundo” por ese terminal que nos permitía comunicarnos y relacionarnos con esos 15343244438299 amigos, todo siga el mismo rumbo en cuanto a nuestras necesidades materialistas, nuestros objetos, el brillo metálico de la posesión.
Objetivamente, todo lo que tengo es un cubo de 2m cúbicos en el que vivo con una pantalla y un pantalón de tejido autoregulado.
Subjetivamente, tengo todo lo que quiero, varias motos, un coche, la colección universal definitiva de música, un piano, paisajes perfectos, pistolas (ya no son de pistones, disparan todo tipo de cosas, sólo con pulsar F2)… y cómo no, mis 15343244438299 amigos (y subiendo…)
Al igual que pasaba con las relaciones personales, se llega al irónico absurdo de que el crecimiento exponencial del ansia posesivo-materialista acaba por convertirse en una actitud en la que lo importante es el impulso de consumir, no el objeto que después se posea. Quizás de ese modo la maquinaria capitalista pueda rodar aún más rápido sin riesgo a excesos de residuos o stocks invendibles. ya no hay riesgo de que alguien no compre el último chismófono XR342T4 porque se compró el XR342T3 la semana pasada y todavía está nuevo, qué va, ya no hay que buscar el contenedor de reciclaje correcto o sentir pena por tirar algo que está en perfecto modo de funcionamiento y cumple su función más que de sobra… ya no son necesarias éticas personales, la posesión es un mero concepto.
En el nuevo materialismo, el objeto es lo menos importante.
La consecuencia del consumismo en la época de “tócameltimbre” era la posesión de objetos físicos. Olor a culpa.
Gracias a la nuevas tecnologías ya no hay rastro del crimen, podemos consumir hasta el infinito y más allá siempre que se disponga de contracreds que permitan seguir pulsando el botón “buy it now”, el placebo eterno que nos permitirá mantener nuestro equilibrio emocional (regulado por el nº de compras/mes que realicemos, siempre según los standards establecidos por el ISO838932 del buen ciudadano consumista, of course) en esta sociedad de anuncios de pieles perfectas, carreteras desiertas y metales de brillo inalcanzable.
Haz tu compra ya
No hay por qué conocer a tus amigos, tus objetos ya no ocupan lugar.



Uhm… mucho me temo que no es nada nuevo. Es el “síndrome de Diógenes” de la era digital y aumenta exponencialmente conforme lo hace el ancho de banda disponible.
Primero fueron los MP3s: CDs (el DVD aún estaba por llegar) repletos de canciones de libre posesión… Después los DivX, DVDs atiborrados de películas que seguramente no hubieras ido a ver al cine así te pagaran la entrada. Y ahora, con los lectores de libros electrónicos, la historia se repite.
Canciones que no se oyen, películas que no se ven, libros que no se leen… ¡pero l@s tengo!
Es el “poseer” en su sentido más abstracto lo que ya no ocupa lugar, sólo unidades de información.
¡Rebelión ya! ¡Multiplicad vuestras posesiones virtuales por cero!
Y los amigos… son posesiones virtuales también?
Y nosotros mismos… existimos al poseer o poseemos al existir?
ya nadie me toca el timbre… (bueno, siempre nos quedará correos y la publicidad…)