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Tech-o

Hoy he visitado las obras de lo que dentro de un tiempo aún no determinado será el pequeño espacio delimitado al que podrán llamar casa unos amigos míos.

Y claro, entre ladrillos, cemento, cables y tablas, el descontrol neuronal que tengo por mente se ha montado una película de campeonato que se ha clasificado directamente para ir al sufrido blog de hiriak09…

Apartamentes

Kopyleft Aimar (Cairo 2005)

Del mismo modo  que en otras ocasiones hemos hablado y divagado sobre lo joven o no joven, existe el otro concepto clave en el festival Bilbao Jet Lag: Lo urbano, la ciudad.

Quizás la clave, el génesis, el cómo  y el por qué, la causa y efecto… vamos, el pin y pon de la ciudad, es la vivienda, las casas, los hogares. El ladrillo.

Si recuperamos a nuestros amigos los cromagnones del baúl de los recuerdos, tenemos un modo de vida diferente, una vida nómada en la que la persecución de la caza nos hacía desplazarnos de un lugar a otro sin establecer raíces en ningún sitio. Supongo que, lo que ahora es un piso de protección oficial, entonces era una tienda de campaña de pieles. La calefacción central era una hoguera en el medio del campamento y una pared  con humedades era que algún mardito roedor le hubiese hincado el diente a las pieles en alguna esquina.

Pero tranquilidad, que hoy no va a tocar un rollo infernal sobre la evolución de la piel al ladrillo a través de los tiempos, incluyendo el adobe y la madera, con romanos, griegos y caballeros medievales enseñándonos las diferentes distribuciones de sus amadas casas según catálogo de “Mi Casa Hoy” con las últimas tendencias de la época. No… la cuestón de hoy es ver cómo nos afecta el nomadismo-sedentarismo y la emancipación-estátodomuycaro. Eso sí, el rollo será igualmente infernal, de eso está más complicado librarse…

A día de hoy, la cuestión de la vivienda no parece algo que ocurre de forma natural y que quien más quien menos puede tener resuelto sin grandes complicaciones, dejando como grandes complicaciones el subsistir, crear familia, etc, etc. No, parece que hay nuevas prioridades y pesos específicos,  teniendo el ladrillo un nuevo peso casi totalitario en el que casi se podría decir que se trabaja para pagar cada ladrillo (hasta el resto de los días, para mayor alegría y gloria de los bancos).

Señor blogger, yo esque no ligo y ni hipotecándome 100 años me da para mi pequeño nido de aislamiento personal en el que interactuar con mis 1243322342004340 amigos vía pantalla táctil… es grave? qué debo tomar?

Tómese usted una de compañeros de piso y 100gr de paciencia.

Nuevas formas, nuevas supervivencias. Bueno, cuando digo “nuevas” se entiende que es  respecto a la cueva y el adobe, porque lleva el tema ya mucho tiempo como única manera de emanciparse sin convertirse en mazapán.

Microtribus artificiales para sobrevivir en la macrotribu social.

Ocupación? ahí tiene usted otra medicación posible, aunque se trata de sustancias prohibidas y de efectos secundarios no compatibles con el embarazo y la conducción de noche.  Lea el prospecto y consulte con su farmacéutico.

Ahá, muy bien, el caso es que me huelen los pies que no se puede usted imaginar, soy muy feo, mi trabajo es poco estable y tengo un carácter del demonio… en ningún casting de piso compartido me eligen y la ocupación no me viene bien. Mi sueldo no da para alquilar un microapartamento de precio abusivo-especulativo y encima lo mismo me quedo aquí 10 años que en 2 meses me voy a otro continente. Qué hago?

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Existen aún los nómadas? circos, barracas, músicos, bailarines, estos, las otras… parece que sí… pero… cómo encajan en una sociedad 95% sedentaria?

Hola, yo soy sedentario, miro “La Pantalla”, pregúnteme usted… Hola, encantado, le pregunto… es sedentario por vocación o por obligación? qué rige su sedentarismo? Tiene usted un ladrillo en el corazón?

Verá… me casé con mi banco y debo amar mis ladrillos, vivo por ellos, me levanto por ellos, trabajo por ellos…

Hola, a mí un día la vida se me cruzó, nada que no le pueda pasar a usted, y el ladrillo se convirtió en un sueño de arena. Vivo en su calle. En La calle. Espiral de plomo de la que es difícil volver.

Los cromagnones fabricaban una nueva tienda cuando un joven cromagnoniano se emancipaba con la joven cromagnoniana de la tienda de enfrente, que se conocieron un día que se quedaron hasta tarde en la hoguera hablando de que si a ella le gustaba el Triceratops y que si a él el Diplodocus, y así entre esto y aquello pues mira tú por dónde ya estaban estrenando su pequeña pirámide de pieles en la que discutir en privado.

Ahora hay muchas más tiendas de pieles que cromagnones vivos, pero aún así muchos se ven obligados a compartir tienda (eso sí, hay zonas comunes que deben limpiar por turnos) o incluso los hay que quedan en la calle sin pieles que les sirvan de techo. Compleja situación. Los afortunados cromagnones que tienen sus tiendas de piel (algunos incluso adosadas y con vistas a la hoguera), deben cazar un mínimo de 7 kilos de carne de Tyranosaurus Rex para entregar al cromagnon banco para que no se la echen abajo por impago cárnico. Así que toca cazar aunque uno no quiera, y generar un excedente de carne para que vaya usted a saber  qué líos y chanchullos hagan con el cromagnon hechicero y el cazador jefe.

Un ser libre, que vuela cual mariposilla en primavera, un buen día se ve encerrado entre 30 metros cuadrados de ladrillo rojo combinado con cristal transparente (eso sí, todo muy coqueto), y nunca más querrá volar, permanecerá entre su preciado tesoro de posesión física llamado hogar, desde donde observará el mundo exterior cual enemigo atemorizador del que es mejor resguardarse en una cárcel unipersonal y,  por encima de todo, en propiedad.

A veces jugará a que vuelve  a ser libre y hará un breve vuelo alrededor de la ventana, pasando por el balcón, pero tras ese fugaz sueño de libertad, retornará a la aplastante seguridad  de sus cuatro muros rojizos, que sepultarán para siempre el horizonte sin fin.

Delimita tu vida, bienvenido a Alcatraz. Desayunos a las 7 y la cena a las 9. Luces fuera a las 10.

Dulces sueños princesa, mañana volveré. Un nuevo día, el mismo día. Una y otra vez…

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